20 AÑOS DE LA CAÍDA DEL MURO

20 AÑOS DE LA CAÍDA DEL MURO

Las tres caras de Berlín

El fotoperiodista Luis Cobelo pasó varios meses en la capital alemana para radiografiar la radical transformación que ha experimentado la ciudad en los últimos años.

Luis Cobelo
6/11/2009.

A veinte años de la reunificación alemana, la capital del país centroeuropeo ofrece más interrogantes que concreciones. La más moderna de todas las viejas ciudades, donde el empuje choca con el pasado aún vivo, afronta el futuro con esa forma particular de entender el mundo, y con la originalidad que la hace atractiva, contradictoria, y una gran interrogante que todavía nadie ha podido descifrar.

Presente: símbolos de ayer

Mirando los planos de su construcción, desde el despacho de la Bundeskanzleramt (Cancillería alemana) se pueden identificar los símbolos de la historia que hoy pesa sobre Berlín. En una óptica de amplio ángulo se divisa, en primer plano, la curva del río Spree, accidente natural que delinea la estructura de la nueva Cancillería alemana, la reciente estructura -creación de los arquitectos Axel Schultes y Charlotte Frank- que intenta dar a la capital de Alemania el empuje de otras urbes europeas. De frente se encuentra el Bundestag, antiguo Reichstag, con huellas de balas de la Segunda Guerra Mundial y testigo del pasado por todos conocido. Justo debajo, en el patio delantero del edificio, la panorámica ofrece un detalle que completa la calle de tres vías que es la Berlín de hoy día. Al bajar la mirada -y haciendo un ejercicio de imaginación- estamos seguros de que Angela Merkel se debe encontrar con la inquietante y poderosa escultura del artistas vasco Eduardo Chillida. Dos trenzas de acero oxidado que se acercan y buscan enlazarse, pero no lo logran, dos fuerzas que se enfrentan una a otra y quedan detenidas en un futuro que aún no termina de acontecer. Un demonio con el nombre de la ciudad donde el pasado, el presente, y el futuro se juegan su lugar. Berlín.

La escultura homónima a la ciudad semeja una enorme interrogante sobre el porvenir de la urbe. A veinte años de su reunificación, Berlín siguen siendo esos dos enormes brazos metálicos -estructuras de acero sometido por el ambiente pero con aterrador dinamismo- que no terminan de fundirse en una línea prolongada y sostenida. Cuando el para entonces Canciller Helmut Kohl prometió a los alemanes del Este: «Juntos haremos de este un país floreciente», nadie pensó que la reunificación (Wende) sería exponencialmente más lenta que la caída del Muro. La economía del Este del país todavía no da visos de despegar, y por más esfuerzos que se hagan, la incorporación de los habitantes del Este a la fuerza productiva alemana, motor económico de Europa, es aún un objetivo pendiente. En Berlín basta con caminar por barrios como Lichtenberg -donde está el edificio de la policía secreta de la RDA (Stasi)- para ver que la épica neoliberal y reunificadora no ha cosechado frutos en unos vecinos atadas a estas alturas a costumbres y sistemas heredados del vencido régimen comunista.

Pasado: dos ciudades

La reconstrucción del Berlín de posguerra tuvo dos direcciones encontradas. En la RDA, y sobre todo luego de la muerte de Stalin, el arquitecto Herman Heselmann planificó una ciudad integrada al llamado Plan Maestro Socialista. De esa manera llevó a cabo la construcción de proyectos como el primer bulevar socialista, la Karl-Marx-Alle, en Friederichshain. Este plan fue una más de las imitaciones del nefasto estilo arquitectónico estalinista, un colado neoclasicista denominado con el curioso mote de estilo de pastel de boda (Zuckerbackerstil).

Por su parte Berlín Occidental evitó el monumentalismo -tan propio de los nazis y estalinista- y cualquier dato que semejara cualquier tono local que se confundiera con nacionalismo. De esta manera vieron forma el barrio de Hansaviertel, la U-Bahn de Hansaplatz, el Kulturforum, y la Neue Nationalgalerie. La reconstrucción del lado capitalista de Berlín apuntaba hacia una ciudad moderna, orgánica, con desarrollo de espacios públicos, y con un rostro más parecido a sus hermanas desarrollistas de Occidente.

Pero el dato urbanístico importante -previo y después de la reunificación- lo protagoniza la llamada reconstrucción crítica, liderada por Josef Paul Kleihues, que no es más que la intervención en los espacios sin la modificación de sus estructuras y sistemas. La conservación, preservación, y reutilización de los espacios y edificios existentes fue la nota que permitió a Berlín mirar su pasado para reconstruirse hacia delante. Este proceso dio lugar a la revitalización de barrios como Kreuzberg, Prenzlauer Berg, que son hoy día los espacios urbanos más vitales, llamativos, y sin duda más propositivos de Berlín. De estos planes -que se llevaron por igual en Este y Oeste de la urbe- salen a la luz los modos, los planes, y los espacios que hacen el Berlín de hoy día.

Futuro: redefiniendo utopías

Desde luego, lo más exótico de la ciudad sin lugar a dudas es el Muro, vergonzosa pared de concreto que convirtió a Berlín en una pequeña isla occidental frente a todo un país oriental regido por la norma socialista-comunista durante 40 años. Durante ese tiempo en Alemania vivieron una utopía muy linda que al final vieron que era insostenible, claro, se dieron cuenta de que era inútil mantenerse a base de doctrinas escritas. La práctica es otra cosa. Porque realmente el que cambia es uno, los gobiernos pasan y dejan la estela de porquería en las conciencias de las personas. Los gobiernos creen siempre tener la verdad, y la verdad solo está de parte de uno mismo, nada más. La revolución está dentro de cada uno de nosotros. El Muro sigue siendo el elemento que todos buscamos. Una de las cosas más estúpidas que el hombre ( léase hombre alfa o macho) ha intentado, en vano, es limitar las expresiones del ser humano, poniendo barreras o matando. Lo intentaron con el muro de Berlín Pero no lo lograron. Un muro inservible, idiota, macabro y ridículo.

Steven vive en la zona del Mitte, un antiguo barrio del Este de Berlín, ahora convertido en centro de bares, cafés, y estudios de jóvenes artistas. Steven cuenta que es difícil para los berlineses sobrellevar esta unificación, que los habitantes que fueron educados hasta nivel secundario en el sistema comunista no solo no pueden sino que muchas veces se niegan a ingresar a las formas y maneras del nuevo orden. Pero al igual que Steven, muchos jóvenes berlineses, y alemanes, y hasta de todas partes del mundo, prefieren al nuevo Berlín como lugar para buscar su porvenir. En los barrios de Kreuzberg, Mitte, Prenzlauer Berg, el antiguo Berlín Oriental acoge a jóvenes parejas, artistas emergentes, e incluso buscadores de una nueva forma de vivir las ciudades.

Con solo ver el catálogo de la última Bienalle di Venecia y saber que el grueso de jóvenes artistas que acudieron a la cita viven en Berlín entendemos que algo sucede en una ciudad que se niega a tener una línea definitiva. Lejos del exotismo de las otras capitales de Europa ?Barcelona, París, Madrid, Londres, Roma? esta ciudad se niega a convertirse en parque temático de sí misma.

Berlín es, no solo la capital más económica del viejo continente, sino que desmarcándose del bum turístico de otros lugares ha aumentado el énfasis en ese estilo berlinés lleno de tolerancia y vanguardia. No por nada esta ha sido la capital del movimiento electrónico, de las vanguardias urbanísticas, de la resignificación del movimiento okupa. Por más mamotretos arquitectónicos que pongan sobre ella, el verdadero futuro de Berlín lo diseñan quienes la habitan.

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